sábado, 29 de octubre de 2016

Hoja 43.- Crónicas vomitibas 

El vómito es de las cosas más asquerosas de la vida,  al menos para mi.
Uno pensaría que te puedes encontrar esta agradable sustancia en una fiesta o a lado de un enfermo ¡pero no!,  puede estar también en las vías públicas y en el transporte. 
Contaré un par de ocasiones en las que me he encontrado con tan encantador personaje. O estoy haciendo por que precisamente el día que escribo esto,  en el metro me encontré una vasca, pero no cualquier vasca, era una MONUMENTAL,  tanto que me dio risa en lugar de asco.  
Estaba en unas escaleras,  pero en las orillas hay unos huecos para que la gente ciega se pueda guiar. Entonces cuando las iba subiendo,  vi que escurría un líquido café claro,  pensé que alguien derramó café, pero conforme iba subiendo veía pequeños grumos,  temía lo peor,  me encontraría con vómito. 
Un par de escalones más tarde me encontré con el premio gordo,  un vómito color café que estaba en la orilla,  escurriendo por el camino guía para los ciegos. Me dio mucho asco,  pero al subir más,  el asco se convirtió en risa, ya que había pedazos de jamón y huevo nadando en la sustancia descrita. Entonces imaginé la escena : una persona bajando del metro e incluso antes de bajar las escaleras ya iba vomitando, en su afán de querer bajar rápido al baño (bajando las escaleras hay uno), corre pero no lo logra, saca todo el estómago a la mitad de las escaleras y deja toda la guía para ciegos firmada por su desayuno.
Pobre...
Otra ocasión, en esa misma estación del metro (chabacano), me tocó ver a un grupo de chicos cubriendo a otro que estaba tirado en el suelo vomita do como fuente,  iban muy ebrios y toda la gente se les quedaba viendo. Una escena muy educativa. 
Unos días después de eso,  cuando entré  a los vagones (estación del metro maldita,  era la misma), noté un asiento vacío, pero nadie se sentaba a pesar de su e el vagón iba llenisimo, entonces al acercarme,  vi lo que menos esperaba : una dosis bien distribuida de una sustancia parecida al chocolate abuelita,  de no ser por los grumos de comida,  juraría que era atole. 
Otro día, al bajar de la combi, vi a una chica que formaba un ángulo perfecto de 45 grados, aquí no vi al protagonista de mi historia, pero la chica,  pero la chica ya no aguantaba las náuseas ya que se estaba dando amor por la boca (metiéndose los dedos pues). 
Pero a continuación narrará a "La inolvidable".  
Iba felizmente en la combi hacia la escuela, cuando de repente vi que una niña tenía náuseas,  aún faltaba un tramo para llegar al metro, donde todos bajan,  estaba acompañada de lo que yo supongo eran su madre y hermana. No le di importancia así que seguí con la mirada al frente,  cuando de repente escucho la exclamación "¡ay mamá!"  y la niña vomitó,  pero no lo hizo de la manera convencional,  si no que decidió hacernos una limpieza a todos como las que hacen los brujos a un lado del zócalo cuando te escupen quien sabe que cosa, así que en lugar de echarlo de jalón  y que cayera al piso,  lo hizo escupiendo, hacia el frente, salpicando a todos los que estaban frente a ella,  yo incluido.  La señora con toda la pena del mundo nos brindó papel higiénico  y tuvimos que limpiarnos resignados,  solo me quedó poner cara de estupefacción. 
Seguro que todos tienen una historia que contar con tan repugnante amiguito.


Opinión del autor. 
La manera en que es narrada me agrada mucho,  busca captar la atención del lector y al menos en mi caso lo logra,  además de sacarme varias risas por el sarcasmo que se maneja.  Es un texto muy ameno,  sin mucho que explicar ni imaginar a menos que quieras entrar a gran detalle. Un estilo que,  de intentarlo de nuevo,  muy probablemente falle debido a su espontaneidad.  Como otros textos,  estos deben salir de manera natural para no ofrecer siempre lo mismo,  pero revolcado.
Me agrada mucho,  se queda la idea de hacer una segunda parte ya que aún hay mucho vómito regandose por el mundo,  incluido el mío jaja.